Este post lo hemos dividido en tres partes: en la primera te exponemos los diferentes tipos de cotillas que puedes encontrarte en el mercado (y seguro que hay más), haciendo una especial mención al cotilla más dañino, el cotilla tóxico. En la segunda parte del post, vemos las interesantes respuestas que nos dan la antropología y la psicología acerca del cotilleo. Finalizamos con unas cuantas sugerencias, y de regalo, un plátano.

autor: Norman Rochwell

autor: Norman Rochwell

 

6 TIPOS DE COTILLAS 6.

EL MIRILLAS: vecino o vecina (el cotilleo no es exclusivo de ellas, los hombres también lo practican), que al escuchar un mínimo sonido en su escalera utiliza la mirilla o el balcón de su casa para detectar cambios en su entorno. Es el equivalente al ojo de gran hermano, pero en versión escalera. Su trabajo debería ser remunerado, dado que su central de alarma está conectada las 24 horas del día y la seguridad en la finca está más que garantizada. Está en desuso en las grandes ciudades por el anonimato y por la aparición de las redes sociales. Parte de su vida la pasa en el balcón oteando las piezas objeto de su interés. Es un auténtico cazador.

EL MIRADOR DE OBRAS: generalmente es un jubilado, aunque en España el grupo de edad se ha ampliado a jóvenes que están en el paro y sueñan con un trabajo de peón. En este entorno, los que llevan la voz cantante y hacen cábalas sobre la construcción (“Ya no se trabaja como antes”, “estos no tienen ni idea”, “Yo recuerdo cuando hicimos…”), son los más mayores. La experiencia es un grado.

EL SILENCIOSO: es el que tiene cuentas prácticamente en todas las redes sociales que usan para escudriñar la vida de los demás, admirando o despreciando desde el más absoluto anonimato. En alguna ocasión colocan un me gusta pero analizando antes los pros y los contras. Es cierto que observar la vida de los otros crea adicción y, si no, que se lo pregunten a los millones de seguidores de la prensa rosa o de programas de televisión en el que determinado personal ventila sus vergüenzas sin ningún tipo de reparo. El silencioso es una especie de cotilla que no suele molestar porque no suele actuar, pero sabes que está ahí, agazapado, observando lo que haces.

El PROBADORES: es el que acompaña a su mujer, novia o amiga con una gran sonrisa a comprar ropa a una tienda de moda. Merodea alrededor de los probadores femeninos y su radar funciona al 100%. Cuando sale de la tienda, no muestra el cansancio típico masculino tras irse de compras. Para ellas (las que no se dan cuenta), es un bendito; para ellos, uno más.

EL DETECTIVE: su objetivo es preguntar sin descanso al otro sobre cosas que le interesan. No da tregua ni descansa. Conoce los últimos avances del FBI y de la CIA para sonsacar información al resto, y sin luces ni taquígrafos. Las centrales de inteligencia buscan sujetos así. Cuando acaban la conversación, se va con un arsenal de información sobre tu vida, y tú te quedas con cara de gilipollas y sin saber nada de ella. O de él.

EL COTILLA TÓXICO: su máxima es “calumnia que algo queda“. Sus características son las siguientes: tiene una vida mediocre; es incapaz de reflexionar sobre sí mismo y, por tanto, de reconocer algún error; desea hacer daño a los demás, especialmente a aquellos que puedan despuntar; cuando habla de alguien (casi siempre mal) utiliza un megáfono y cuantos más se enteren, mejor; es mezquino, cutre, le encanta lo rancio y lo casposo y si se te ocurre pedirle un favor, al medio minuto se va a enterar todo el mundo de lo que ha hecho. Le encanta beber vinagre por las mañanas (hete aquí un ironía), y su núcleo accumbens está continuamente activado cuando ve a alguien pasando por dificultades. Schadenfreude. De hecho, su objetivo vital es provocar malestar en las personas que tiene alrededor.

Quédate con esta palabrita, Schadenfreude. Significa regocijarse con el mal ajeno, tener satisfacción psicológica cuando un enemigo cae en el campo de batalla (para algunas personas la vida es una guerra y como tal, en su día a día, utilizan armas como la difamación, el embuste, hablar muy mal a la espalda de los otros para conseguir sus objetivos). ¿Sabes que en nuestro cerebro se activa el núcleo accumbens (un área asociada al procesamiento de la recompensa) cuando algo malo le sucede a alguien que no nos gusta? Es decir, que podemos disfrutar con cierto mal ajeno. En esto, el cotilla tóxico es un verdadero especialista. Desde Ohio University, Skowronski, Carlston, Mae y Crawford (si fueran futbolistas recordarías sus nombres a la perfección), hicieron una investigación interesante sobre el lado negativo de difundir cotilleos tóxicos, y acuñaron un efecto conocido como “transferencia espontánea de rasgos“. Este efecto viene a decir que cuando cotilleas sobre alguien, el que te escucha asocia inconscientemente a tu persona las características que describes, te transfieren dichas características. Al cotilla tóxico (y aquí está la parte divertida), le vamos a transferir todo lo malo que dice sobre los demás. Espejito espejito.

cotilleo

Una de las cosas importantes que promueven las redes sociales, en este caso Facebook se lleva la palma, es mantener el anonimato mientras observas la vida ajena, es decir, en esta red social se encuentran dos tipos que se necesitan mutuamente para vivir la vida con intensa alegría. El Exhibicionista y el Voyeur. El que saca placer al mostrar sus cartas y el que disfruta observando las manos de los demás. Son dos estupendos tahúres. Tal para cual.

Sí, todos somos cotillas, sí, y tú también. ¿Acaso no has entrado en alguna página ajena para comprobar qué hace, qué ha puesto, cómo es su foto, si tiene pareja o no? Pues claro, como todo el mundo. Y más que un deseo, cotillear es una necesidad. Para Robin Dunbar, profesor de Antropología Evolutiva de la Universidad de Oxford, el cotilleo, es un equivalente al acicalado entre los primates: es decir, ellos se acicalan y nosotros charlamos. En ocasiones veo a grupos de hombres que parecen simios. De hecho, siempre llevo unos cacahuetes en el bolsillo para ganarme el afecto de algunos de ellos, y no falla. Y también veo a bastantes mujeres en la peluquería que se acicalan y charlan y charlan y charlan sin parar. Según este antropólogo, el 65% del tiempo de una conversación lo dedicamos a chismorrear sobre nuestros conocidos y aquí viene lo bueno, el cotilleo ayuda a mantener la cohesión del entramado social.

En esto último coincide la Antropóloga Social Kate Fox, del Social Issues Research Council de Oxford. Esta antropóloga refiere que cotillear es una necesidad primitiva esencial para nuestro bienestar mental, social y físico, y solo el 5% de las valoraciones que hacemos son negativas.

Richard Wiseman, autor del fantástico libro 59 segundos, y más que habitual en esta web, plantea los siguientes métodos para tener éxito social:
Permitir que te hagan pequeños favores. Efecto Franklin.
Equivocarse puede hacer que caigas más simpático. Efecto Falibilidad.
Decir cosas positivas sobre los amigos y compañeros de trabajo. Cotillear. Sí, cotillear.

Unas cuantas sugerencias y un plátano de regalo.

  1. No te culpes por cotillear, es de lo más normal y además es esencial para nuestra vida. Sin el cotilleo, nuestra vida sería muy diferente.
  2. Está bien saber de la vida de los demás, pero es mejor que los otros sepan que nuestra vida es rica y que nos pasan cosas. Y no hace falta megáfono para ello.
  3. Intenta hacer hincapié en las cosas buenas que hacen los de tu alrededor. Hablar bien de los demás mola, y además suma.
  4. Elogiar públicamente y criticar en privado, es una excelente fórmula para sumar en tu entorno personal y laboral. Extiende la gratitud.
  5. Cuando vayas a los probadores, ten cuidado con el novio, marido o amigo, es un buen chico, pero su radar no descansa. Recuerda cerrar bien la cortinilla. O no.
  6. Si te quedas sin cacahuetes, prueba a llevar un plátano. Cuando te encuentres con hombres simiescos, te puede salvar de un apuro.
  7. Y no seas tan pureta o políticamente correcto: hablar, contar, describir, o criticar lo hacemos todos.¿Y qué es cotillear si no eso?

Nota al lector. Los cotillas profesionales (esos que viven del cuento ajeno,  y que se ganan una pasta gansa a costa de las penurias ajenas), no tienen cabida en esta web. Sus nombres, sus caras y sus venas hinchadas no son buenas para la salud mental. No obstante, si te interesan, quedan muy bien descritos en el tipo de cotilla tóxico. Darth Vader, son ellos.

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PD. Muchas gracias a Paula Queraltó por sus preciadas aportaciones. Y al papá de Lucas también. Ánimos.