¿Eres capaz de ver fantasmas?

Concéntrate 10 segundos en la imagen, observa el punto rojo y luego mira al espacio vacío de la derecha o a una pared en blanco.

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¿Has visto la cara a todo color? ¿Sorprendido, alucinado? No estás ante un brote psicótico, ni has tomado pan de centeno contaminado con el alucinógeno cornezuelo (claviceps purpurea). Lo que acabas de experimentar recibe el nombre de postimagen cromática negativa.

Hete aquí una breve explicación:

Nuestras imágenes cerebrales se forman a partir de la síntesis de rodopsina en los conos de nuestra retina. Ante cualquier escena visual, los conos están especializados en la visión del color; y los bastones, en los grises. Todos los millones de colores que somos capaces de ver emergen a partir de las combinaciones de tres tipos de rodopsina: la que codifica el rojo, el azul y el verde (los colores primarios). Por eso, si miramos fijamente la imagen durante al menos treinta segundos, nuestros conos se saturan, y al descansar la mirada sobre un fondo blanco generarán el efecto contrario, para compensar: el negativo (complementario) del color inicial.
¿Podría explicar esto algunas de las apariciones fantasmales? Algunos de ellos, seguramente. ¿Te ha pasado alguna vez que has visto o has presentido cosas que no se pueden explicar? ¿Y te has sugestionado y dejado convencer cuando te han contado anécdotas relacionadas con el más allá? ¿Y con lo paranormal? ¿Crees que el alma pesa 21 gramos? ¿Existen los espíritus y hay mediums que pueden comunicarse con ellos? ¿Eres fácil de sugestionar? ¿Te crees todo o casi todo lo que te cuentan?

Te invitamos a que contestes este sencillo cuestionario, que ya hemos utilizado en un post anterior ¿Eres fácil de engañar? Prueba a contestar con sinceridad. Sólo tienes que asignar un número del 1 (esto no tiene nada que ver contigo) al 5 (¡córcholis, soy yo!).

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Este cuestionario mide tu capacidad de sugestionabilidad, tu capacidad de fantasear y soñar despierto, y mide las posibilidades de ver fantasmas o de creerte historias del otro lado. Si la suma de los resultados es de 25 o superior se considera una puntuación alta (anula la pregunta número 8, pero si has contestado 2 o más, háztelo ver). Las personas con esas características, tienden a perder la noción del tiempo, son más fácil de hipnotizar y pueden presentar confusión entre lo que es fantasía y es la realidad (a la luz Caroline, la luz). Por ejemplo, las personas que han tenido experiencias sobrenaturales, obtienen puntuaciones altas en preguntas de este tipo. Si la suma es menor de 14 se considera una puntuación baja, y tiene que ver con personas más prácticas y más difíciles de sugestionar.

Sugestión, ciencia, no es oro todo lo que reluce, y lo fácil que eres de engañar aunque seas un experto en salud mental. 

Veamos la propuesta que hizo en los años setenta Donald Naftulin (Universidad de California). Este hombre preparó un interesante discurso sobre la relación entre las matemáticas y el comportamiento humano. Huelga decir que el tema en cuestión no tenía ningún sentido, y para darle un toque más absurdo (la clave del experimento) pidió a un actor que expusiera la conferencia en un concurrido congreso sobre temas educativos al que asistirían psicólogos, psiquiatras y trabajadores sociales. Se supone que el público era gente despierta, inteligente y no fácil de engañar. Por eso el actor se preparó a conciencia y recibió instrucciones precisas para afrontar el difícil momento de los ruegos y preguntas. El día llegó y fue presentado como el doctor Fox. A continuación se hizo un repaso de su impecable currículum vitae (por cierto, un disparate más), dio la charla y finalmente contestó a las dudas de los profesionales asistentes con brillantes evasivas, hábiles incongruencias y admirables dobles sentidos, es decir, más o menos como cualquier rueda de prensa de muchos políticos. Eso sí, haciendo gala de una gran verborrea y encanto personal.

Al acabar los aplausos, se repartió un cuestionario con la finalidad de que el público valorara la conferencia:

  • ¿Piensa que el doctor ha expuesto de una manera organizada? El 85% dijo que sí.
  • También el 70% elogió el buen uso que hizo de los ejemplos.
  • Y para rematar: el 95% encontró la conferencia inspiradora.

Bien. Saca tus propias conclusiones. Queda claro que del efecto Fox no se libra nadie, ¿verdad? No vayas a pensar que los trabajadores sociales, los psiquiatras y los psicólogos son más imbéciles que la media.

Un lugar aterrador, una fórmula infalible para ver liliputienses sin drogarse y un cerebro que se inventa cosas.

Ante la falta de estimulación sensorial, nuestro cerebro puede crear sus propios estímulos. Sucede que el encéfalo es un tragón que necesita tres cosas: glucosa, oxígeno (un 2% de nuestro peso corporal ya consume el 20% de oxígeno y azúcar) y estímulos sensoriales. El troncoencéfalo y el tálamo (del latín thalamus, lecho nupcial) están especializados en procesar estímulos procedentes de los sentidos (menos el olfato, que siempre va por libre), pero si no llegan suficientes estímulos, el cerebro se los puede “inventar”, ante una deprivación sensorial aguda. Precisamente esto les ocurre a los que entran en la cámara anecoica de Orfield (Minnesota, USA), un lugar aterrador que absorbe el 99,99% de los sonidos y que registra un valor negativo (-9,7 dB) en sonómetros especiales.

camara-anecoica-580x315Las personas que acceden a encerrarse allí no aguantan más de cuarenta y cinco minutos. Percibir únicamente el propio cuerpo es insoportable: el latido del corazón, la respiración, la persistalsis intestinal… El cerebro quiere estímulos externos, y si no los consigue (especialmente si te apagan las luces), se los inventa: empieza “literalmente” a generar alucinaciones compensatorias, haciéndolas reales y tangibles. Uno pensaría que los aledaños de la cámara anecoida de Orfiel (ver imagen) sería el lugar ideal para montar un gabinete de psicología clínica. Pero no. No están locos, su cerebro actúa con lógica: generando estímulos de forma natural. Algo similar les ocurre a los pacientes con el síndrome de Charles-Bonnet, debido a la pérdida de visión, por cataratas (ven imágenes liliputienses de personas).

Ver liliputienses, tener apariciones de fantasmas, escuchar ruidos extraños y asociarlos al más allá o creernos historias de espíritus venidos del otro lado, forman parte del imaginario colectivo. Y está bien indagar en ellas, e incluso pasar un buen rato hablando sobre todos estos temas en una sobremesa tiene su puntito. Pero con ciencia, la vida es más segura y más divertida. Que no te la cuelen.

Este artículo es fruto de la colaboración de Raul Espert (Neuropsicólogo y profesor de la Universidad de Valencia) y de Nacho Coller y es el segundo de una serie de publicaciones dedicadas al mundo de lo paranormal. Muchas gracias, un saludo y te dejamos que nos vamos pitando a hacer la Ouija e invocar el espíritu del gran psiquiatra, el doctor Fernando Giménez del Oso (qué grande).